Tuesday, September 20, 2011

Un acto de belleza.

Tantas canciones desperdigadas a lo largo de los años. Emociones por todo lado que resisten recuerdos y olvidos, siempre sobrecoge ver estanterías llenas de discos.

Dentro de ellos se esconden tantas sensaciones y al mismo tiempo tanto silencio. Meses, años, décadas de sonidos, ruidos, melodías, letras y voces. De estrofas, puentes, estribillos y otros trucos para envolver diversas historias que nos acompañan en la medida que busquemos una compañía.



Una compañía que realmente existe. Un contacto compuesto por el pulso cardíaco de nuestro ánimo y por la respiración de su sonido. Luego llega el silencio cuando la luz de esa magia se apaga y todo vuelve a ser calmo y habitual o descarnado y certero, según tercie la sed o la gana de salirse o meterse de uno.



Las canciones siempre están ahí, con sus imágenes repartidas entre notas y acordes, encajando palabras y sentidos, rumbos y conclusiones, interrogantes, afirmaciones, negativas, placeres o sinsabores.



Dirigir la mano y coger el disco y sentir que el disparo llega. Más allá del ejercicio planteado el poro respira igualmente deslizando un dedo para elegir una canción. ¿Qué ocurre entonces?

El sonido invisible entra y sale por la piel convertida en soporte de arquitectura emocional. Otra buena forma de estar vivo ante una textura de indescriptible traducción.

Poder escuchar una canción amada es un acto de belleza, un acto de íntima inmortalidad.

Siempre hay una canción esperando, siempre.

Tuesday, September 13, 2011

Cuerpo que encarna el valor.

Justo cuando ocurren cosas inesperadas es cuando llegan causalidades que hacen que todo siga un ritmo determinado. No se trata de azar alguno, se trata más bien de efectos respondiendo a causas, alientos que se corresponden con las respiraciones.

Imágenes, rasgos, palabras convertidas en versos, capítulos o sensaciones, todo lo volátil cobra fuerza y por un instante salta el resorte y uno se entrega al movimiento. Uno sale de uno para volver a uno.

Entonces en ese tránsito es donde se operan esas conexiones, el revivir adecuado de la ocasión, y se late con impulso y combustión. Los ojos y el pensamiento mueven a las manos con fuerza inusitada y las piernas se hacen algo más fuertes y todo acaba ocurriendo entre la sorpresa y el alivio.

Así ocurre la transformación de lo inesperado. Asaltando pechos y cerebros y hurgando en la ansiedad y en lo que se calla. La complicidad del aparente silencio y del deseo mezclan en su eje la posibilidad de algo que puede ser vorazmente esperanzador. Sí, esperanzador, aunque el otro lado del hilo esté ahí, preparado para tensarse a la mínima contracción.

Sí, esperanzador.

Esperanzador como una canción.


Toda conquista es una reconquista.

Por eso retomo El Mar De La Tranquilidad, para soltar canciones, imágenes e ideas. Para la noche sea propicia y el día sea un motor.